El ver una película por segunda o tercera oportunidad implica un interés en algún concepto de aquella cinta. Entretenida, rápida, icónica o cómica son generalmente conceptos compatibles con esta idea. Pero, a veces la emotividad es un gran motivo para “sentir” esa película de nuevo.
No es ninguna novedad el que disfrute de novelas o películas dulzonas, y que me gusten esos finales románticos y ansiados, esos en que sientes que tu corazón suspira con una sonrisa (desde que tuve anatomía esa imagen mental se me hace cada vez mas difícil lograr). Tampoco es ninguna sorpresa el que mi memoria emotiva sea potente, siendo una de mis características femeninas mas desarrolladas. Y qué película evoca más esa memoria, y ese tipo de historias que Amélie (Le Fabuleux Destin d’Amélie Poulin).
Me encontré esta película mientras revisaba, en una noche de insomnio plenamente injustificado, algunos discos en busca de un software. Si bien esta es una película “antigua”, no soporté el impulso de verla de nuevo y completa, casi de manera misteriosa, y a los pocos segundos, ya me había inundado del universo y la narrativa de la misma. Es, en cierta manera, como me gusta narrar las cosas de la vida, y cuando lo olvido, es lo que más extraño y lo que más me desequilibra.
Es particular esto de la memoria emotiva. Me acordaba de cuando era pequeño y hacia casi todas las cosas que ella hacía de pequeña. Recordarme que tengo exactamente la misma cámara fotográfica que ella de niña. Que disfruto desde pequeño con meter las manos en bolsas con semillas y que me fijo en los detalles que pasan desapercibidos. En el olor de las personas, en la forma de caminar, en el tono de voz. En la forma de los dientes, de los labios al conversar. La temperatura y la textura de las manos.
Y por otra parte, antes de perderme en detalles, creía que ya tenía una amiga ligeramente parecida a ella, pero ahora resultan dos. Siempre la asociaré con Melu, mi pequeña constelación de historias y maravillas. Pero ahora, la asocio también con la Coté, que si bien es más vertiginosa y pragmática, igual se pasa media hora escogiendo una libreta en la que anotará sólo tres líneas, y un semestre enseñándose a si misma la felicidad de columpiarse en las cuerdas del corazón.
Nuestro fabuloso destino, al parecer, tiene que ver con encontrarse con personas como estas pequeñas mujeres, y leer de vez en cuando las líneas que nos escriben; cuando el amor golpea, cuando la esperanza abandona, y cuando todo se soluciona. Con encontrarse con hombres maravillosos que leen lo importante entre las líneas o que nos enseñaron que las líneas no existen en la vida. Encontrarse con familias que, en su ejemplo, nos animan a buscar eso que es tan importante. O encontrarse con la lealtad de la simpleza, que es mucho mejor que la de un juramento.
A las 5 de la mañana es buena hora para dejar de escribir. Y buena hora para seguir soñando con nuestro fabuloso destino.





4 Opiniones:
hay películas que no puedes ver menos de 15 veces. pero son las menos.
para mi esas son Volver al Futuro y American Psycho.
Buen Blog, Carlitos, Saludos!
Demasiadas cosas se me vienen a la mente, has visto mis procesos desde una perspectiva unica,no se por coincidencia o destino, pero nos topamos en un pabellón de anato y he-nos aqui, ahora.
Mi pragmatismo me consume . y ando alejada de las escribiciones, pero leer textos como este es motivante.
Un abrazote (:
es bkn escribir de madrugada...
y (aunque no lo creas), estoy de acuerdo contigo, amelie es lo mejor, una de mis peliculas favoritas también...
en fin, evitando estudiar a toda costa, terminé en tu blog..xD
saludos!
ah, se me olvidaba...yo tampoco puedo imaginarme al corazón suspirando desde que tuve anato xD
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