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lunes 5 de julio de 2010

Frustración: Intolerancia versus incapacidad

Salimos recientemente de nuestra presentación de genética. Fuimos los primeros sembrados, y nos tocó hablar de Hipertensión: sin causa genética clara, sin herencia clara, sintomatología infinita y consejo genético inocuo.


No alcancé a presentar todo en mi exposición. En un principio, sentí que iba muy rápido y me “senté” en el tiempo. Para mi eso es algo malo - según ahora recuerdo - porque cuando estoy en un escenario, el tiempo para mí circula a una velocidad ínfima. Eso me hace un cantante con dominio, pero un expositor que debe luchar contra el tiempo.


Luego, mis compañeras salieron a responder las preguntas. Una respondió, luego de un rodeo, lo que se le preguntaba de manera apropiada, aunque según mi criterio, el profesor de haber querido, la podría haber empujado al error. Cosa que la docente si intentó con la segunda, con una pregunta un tanto capciosa usando una mala definición de mi parte (debido a la premura con la que traté el tema). Ella entendió mal la pregunta, se fue por un costado, y rápidamente fue llamada a responder lo que se le había preguntado. Ella se puso nerviosa y respondió tangentemente, pero cayendo en la trampa.


Yo me siento particularmente idiota de no recordar mis “fallas” al exponer: acostumbro a hacerlo con tiempo infinito, y por tanto, cuando de tiempos se trata, debo estar un poco más pendiente. Pero no me castigo mucho mas que eso, mi humor no cambia, y guardo la experiencia para 14 días mas, donde probablemente tenga que exponer en la Unidad de Investigación (Sorry Cristian, pero me tocará esta y la final, las del medio son para ti).


La última compañera, si ya estaba nerviosa en un principio, luego del esperable yerro (ya que la pregunta iba de cabeza a eso) se desarmó. Salió de la sala con la primera, y a la vuelta, sus ojos no podían ocultar que había llorado. Su frustración era mucha, esgrimía distintas razones sobre su irresponsabilidad, su pena era bastante. Mejoró un poco gracias a las bondades del chocolate.


La primera, la que contestó bien, estaba fuera de si. Enojada, de cejo fruncido, de maneras descorteses, rechazó el chocolate que le regalé, no como fianza, sino como una muestra de compañerismo, que se yo. Su indignación era fácil de percibir en el aire, y el objeto éramos ambos. Aunque algo me decía que yo estaba en “peligro” de ser el motivo central.


Finalmente, al rato, explotó su ira en mi contra. Que está harta de mi actitud, de mencionar bravuconamente que soy capaz de todo, que cada vez que menciono las capacidades que aprendí en mi colegio la insulta. Que siempre prometo hacer las cosas de manera perfecta y nunca, NUNCA, las hago de tal manera. Como es usual, ella extrae lo peor de mí. Le contesto un par de sandeces, al lado del profesor, y la remato con una frase que apela a ridiculizar su argumento, frente a una audiencia no poco concurrida. Mis cercanos comentan su inmadurez – junto con la cara de “que eres maricón, Carlos” – y me preguntan porqué se me ocurrió trabajar con ella. Luego de unas risas, me dirijo campante y victorioso a mi asiento (solo por fastidiarla mas), pero con una duda gigante, o mas que una duda, con el espíritu un tanto inquieto.


Yo se que mi tolerancia a la derrota, a la frustración, es escasa. Pero, mas que escasa, no existe, no codifico esa palabra, ese sentimiento en mí. Quizás esa sea la causa de mi optimismo, mi relajo, aunque esté ad-portas de una catástrofe. Esta dificultad no cabe bajo tal definición, por cierto, pero aún así es una situación desagradable. Creo que mi autocrítica en este caso no ha de apuntar mas lejos de lo que ya hice, pero no por la falla en algo relativamente intrascendente me sentiré particularmente mal. Quizás sea un error que no me ponga triste, pero, lamentablemente, no me nace sentirme mal por algún fracaso.


Ahora, por otra parte, mi triste compañera, amiga, que lloró por esta falla, quizás tiene o sentía una presión desmedida sobre sus hombros. Pero es normal hacerlo, es normal hacerse altas expectativas, y sucumbir ante el no cumplirlas. ¿A qué voy con esta mención? A que está sentirse mal, llorar y todo, porque descansamos de manera tangible lo que nos oprime, y nos limpiamos de esas culpas por medio del llanto. Catarsis un momento, y luego, como espero de ella, a seguir luchando.


Pero mi enojada y últimamente poco estimada compañera se lleva el análisis gordo. Si bien yo no entiendo qué es frustrarse (al menos en este nivel), ella sencillamente no lo tolera, y no es la primera vez que me lo demuestra.


No sé cuan altas eran sus expectativas sobre mi. Si eran altas, era una ilusa al creer que una conversación por un mensajero me constituía el mejor expositor y el más apto. Ahora, puede que sea bueno, pero no soy Ricardo Lagos ni menos Salvador Allende. Ups, tengo que dejar de nombrar ejemplos de mi colegio, pues a ella le insulta. Perdón.


Cada vez que estamos en peligro de fracasar en un trabajo de equipo, ella explota contra mi, o al menos ocurre en los trabajos en que estamos involucrados. Me saca en cara mil y uno de mis defectos, de los cuales estoy conciente y soy diligente en divulgar a quienes me rodean: soy flojo, procrastinador y otros tantos que se condensan en estos primeros. Pero ahora el tener mas tiempo libre, mas tranquilidad, no contar con dramas familiares también son mis defectos, mis culpas. Que siempre hable de lo maravilloso que soy, de lo bien que hago las cosas, que me hice en un lugar difícil. En fin, ahora todo mi repertorio de bromas, de vivencias disuasivas, de chistes en último caso, son defectos que me hacen infinitamente culpable de todos sus desvelos y fracasos. Sé que el autoconcepto sobre mi es un tanto ególatra y peligroso en tal sentido, pero a la vez, jamás he sido ciego a aceptar consejos de otras personas, a sus retos, en fin, a ver si algo podemos cambiar. Pero a ser culpable del terremoto en Haití o la malaria en África por eso, no.


No sé que otra expresión de intolerancia al fracaso puede haber. O al menos, no logro identificar un mejor nombre para esto, como siempre, puedo estar errado. Pero entre no saber, y saberlo, no tolerarlo y arruinarle el día a una persona (claramente no a mi), prefiero no saber. Porque al menos, para mi y para mis cercanos, la verdad de nuestros actos es una sola. Errare Humanum Est.

6 Opiniones:

...Lilo... dijo...

es la niña ilusa verdad?
mmm
sabes, tengo dos sentimientos con esta entrada.
Lo primero es lo q te decia el otro dia, ella, cegada x su profundo amor hacia ti se nego a ver lo que realmente eres y que claramente no todo lo q dices es lo q se pinta. Asi q en parte es culpa de ella su frustracion contra ti, en ese sentido.
Con respecto al trabajo, si hubieras sido compañero mio, te mando a la cresta el dia antes de la exposicion y dejo q te chanten el 1, sin piedad, me apesta la gente pajera, de vdd q si. Asi en ese sentido si entiendo su frustracion y enojo, aunke claro, hay q tener un poco más de estilo en esta vida y decir esas cosas en privado sin escandalos.
Segundo, con respecto a tu hedonismo, falta de capacidad de frustracion y too eso, yo entiendo q te formaste en un liceo donde los educan para ser excesiva e imprudentemente seguros de si mismos y con un ezceso de confianza, pero eso no es excusa pa no hacer lo q hay q hacer. Sobre todo si tienes claro cuales son esos contras q te hacen fallar, en tu vida da lo mismo lo q hgas, pero tu seras doc y no te puedes permitir esas irresponsabilidades con las personas, y too parte en casa, si no eres responsable y respetuoso con tus compañeros, dudo q puedas serlo con tus pacientes.

besos! tk!
chaus

Carlitos dijo...

Nota aclaratoria: sobre el informe, el trabajo y todo, a pesar de ser flojo, de ser procrastinador y todo, hice todo a su debido tiempo, de manera correcta. El ser una cosa no implica que no cumpla con mis responsabilidades. Solo en la exposiciòn no alcancè a decir todo, me faltaron como 5 diapos del ladrillo infinito que era el ppt.

Eso, saludos!

...Lilo... dijo...

ah...weno puede ser q en ese caso te perdonara la vida xD

Cristhián Carvajal Mery dijo...

Entonces no debieses decir que tu tolerancia a la frustración es escasa o inexistente, sino más bien que es gigantesca o infinita.
Cuidado con ello. No es bueno vivir el día a día con el exitismo a flor de piel, es desgastante física y emocionalmente, y puede llevarte a situaciones como la que manifestara nuestra compañera. Sin embargo, si no existe de tu parte sensación de falla o fracaso, cada vez que ocurre no se genera aquel mecanismo de golpe al ego, o de aprendizaje del error, de en último término temor de errar una vez más. De modo tal que no hay mejora, no hay lección, o si la hay la desechas prontamente.

Lex Hoffmann dijo...

te contesto el ego con otro ego: se me da saber como son y sienten los demás, y de vez en cuando sirve jugar a sentir la frustración del otro. Si no son tuyas algunas actitudes, al menos sabes que puedes simular (y bailar) y pasar por una experiencia interesante.

iba a decir una frase para el bronce, pero la dejo para otra entrada.

saluos y un abrazo =)

Andrés Clavel dijo...

te escribe un seguidor que tal vez no sabías que tenias, dado lo reciente de su incorporación al mundillo blogistico y porque notaras que es la primera vez que posteo en tus vivencias.

y como primera aproximación al posteo te diré que:
Hola :D

Como testigo de primera fila de tu yerro(ya que todos se sentaron por allá atrás, casi como una expresión del miedo que sentían) te puedo decir que tuvieron una suerte perra de ser los primeros en disertar en tan desafortunada situación en la que nos ponía genética, con un tema tan genéticamente vago como el mío.
Sin embargo no fui testigo de la pelea que se produjo en el grupo, pero según cuentas, fue otro martirio.
Un grupo debería ser más que la suma de sus partes, remando todos para el mismo lado, donde las responsabilidades son compartidas.
De principio a fin vi un grupo que se apoyaba poco, que no estudio los tiempos bien, que hablo mucho de lo que no era el tema y poco de lo que si era... en fin , un grupo disfuncional, que además no se apoya, siendo que la responsabilidad era de todos. Si dices que ya te ha pasado antes con la misma persona, veo también que no has aprendido de tus errores. Si tienes la capacidad de elegir y no que te lo impongan, es mejor elegir personas con las que sabes que se trabaja mejor y más amenamente. Así te ahorras el mal rato y más importantemente, te ahorras pelear con personas que aprecias por algo tan insignificante como es un trabajo de genética.

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